La toxina botulÃnica o botox, como se llama comercialmente, es una terapia alternativa para niños con trastornos motrices por daño en el sistema nervioso central, porque bloquea la contracción muscular sostenida, provocada por enfermedades como parálisis cerebral, defectos del tubo neural, tumores de médula espinal, o como consecuencia de cirugÃas de tumores.
 Para obtener mejores resultados, la aplicación de ese neurotóxico debe complementarse con tratamiento intensivo de medicina fÃsica y rehabilitación, por lo que los pacientes son canalizados a este servicio donde se les proporcionan hidroterapias, calentamiento y sobreestiramientos con técnicas especiales. “La pura aplicación del botox no es la que va a sacar adelante al paciente sino que es todo un trabajo interdisciplinarioâ€?.
 Tal informaron los doctores Armando Guerrero Guerrero y Jaime Ruiz Chávez, neurocirujano y neurólogo en pediatrÃa, respectivamente, del Hospital General del Centro Médico Nacional “La Razaâ€? del IMSS, quienes precisaron que la toxina botulÃnica actúa a nivel de la unión del nervio con el músculo para disminuir la contracción muscular persistente ó espasticidad, por un lapso de siete meses, aproximadamente, que es lo que dura su efecto, por lo que es necesario aplicarlo de manera periódica.
 El doctor Guerrero Guerrero destacó que la toxina botulÃnica es un producto derivado de la bacteria Clostridium botilinium, que ha sido aislada y purificada para extraer siete tipos de tóxinas, entre ellos el “Aâ€?, que es el que se está utilizando en dosis extremadamente seguras para el tratamiento de niños con problemas motores de espasticidad.
 En el Seguro Social, agregó, la atención de estos pacientes la realizan de manera conjunta los servicios de neurocirugÃa y neurologÃa. En neurocirugÃa se operan pacientes con espasticidad, y si después de la cirugÃa persisten las contracturas musculares, entonces se derivan a neurologÃa para que se realicen estudios clÃnicos, sobre todo de tomografÃa (diagnóstico por imagen) y electrofisiológicos, a fin de determinar cuándo y cómo se va a aplicar la toxina botulÃnica.
 El doctor Ruiz Chávez precisó que la toxina botulÃnica se usa en pequeños que con rehabilitación han ido mejorando y después se les aplica el neurotóxico para que se recuperen aún más. No son candidatos quienes están en un estado espástico, es decir, sus contracturas son permanentes, como en aquéllos niños con parálisis cerebral que han pasado mucho tiempo sin tratamiento alguno.
 Explicó que se denomina parálisis cerebral infantil a un grupo de trastornos de tipo motor, que, aunque no tienen mucho que ver con el aspecto cognitivo, sà van a incidir en una etapa del desarrollo del niño, sobre todo durante los dos primeros años de vida.
 La causa de parálisis cerebral infantil más frecuente en nuestro medio, subrayó el especialista, es la encefalopatÃa hipóxico-isquémica, es decir, la falta de oxigenación, en la etapa prenatal por amenaza de aborto, parto prematuro o preeclampsia; durante el nacimiento, por problemas en el parto, si hay sufrimiento fetal agudo, desprendimiento prematuro de placenta; y en la etapa neonatal si el bebé desarrolló hiperbilirrubilemia (descomposición de la hemoglobina que pone amarilla la piel), si sufrió encefalitis, infecciones o traumatismos.
 Explicaron que hay vesÃculas llenas de un neurotransmisor llamado acetilcolina en el nervio, cuya parte terminal lo libera, pasa al músculo y estimula el impulso para que haya acción muscular. Cuando hay espasticidad, la acetilcolina incrementa el paso del impulso, por lo que la función de la toxina botulÃnica es frenar ó inhibir la liberación del neurotransmisor, lo que va a producir una parálisis o disminución de las contracciones musculares.